Hígado sano vs. hígado de un alcohólico: estas son sus impresionantes diferencias

El hígado es el Wolverine de los órganos: por su resiliencia parece invulnerable, especialmente frente al consumo desbordado de alcohol. A continuación, contrastamos el funcionamiento de un hígado sano con el de una persona con historial de alcoholismo.

Por Redacción Cromos

08 de febrero de 2024

La diferencia entre un hígado sano y uno afectado por el alcoholismo es profunda en su apariencia física y en su funcionalidad. Un hígado sano maneja sus numerosas funciones vitalicias con eficacia y un hígado dañado por el alcohol lucha por mantener el ritmo, pudiendo resultar en consecuencias graves para la salud.

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La prevención, a través de un consumo responsable de alcohol o la abstinencia total, es clave para mantener la salud hepática. Si se enfrenta a problemas con el alcohol, es crucial buscar ayuda profesional para evitar daños irreversibles en este órgano esencial.

La doctora Elizabeth Correa Gutiérrez, médica internista y hepatóloga de Clínica Medellín, explica que el daño hepático causado por la cirrosis no se puede revertir. No obstante, un diagnóstico temprano de la cirrosis hepática y, si se trata la causa subyacente, es posible limitar el daño adicional.

El licor es una de las bebidas que más pone a trabajar al hígado.

El licor es una de las bebidas que más pone a trabajar al hígado.

Fotografía por: Pixabay

Hígado sano: cómo es

Un hígado sano tiene una textura suave y un color marrón rojizo uniforme. Este órgano juega un papel crucial en procesos como la desintoxicación de sustancias nocivas, la síntesis de proteínas esenciales y la regulación de los niveles de glucosa en la sangre.

Un hígado sano es capaz de regenerarse hasta cierto punto, lo que le permite recuperarse de daños leves. Filtra la sangre, elimina las toxinas y ayuda en la digestión de las grasas a través de la producción de bilis.

Hígado de un alcohólico

Hablamos de daño y declive. Mientras que un hígado sano procesa y elimina el alcohol eficientemente, un hígado afectado por el alcoholismo pierde esta capacidad. La acumulación de grasa, la inflamación y la formación de tejido cicatricial obstruyen el flujo de sangre y limitan la habilidad del hígado para procesar nutrientes, hormonas, medicamentos y toxinas. Esto puede llevar a complicaciones graves como ascitis, encefalopatía hepática y cáncer de hígado.

(Lee aquí: Hígado graso: estos son los alimentos que debes evitar. Cuidado porque lo dañan)

El alcoholismo crónico conlleva un impacto severo en el hígado. El consumo excesivo y prolongado de alcohol puede provocar tres tipos principales de enfermedad hepática:

  1. Esteatosis Hepática o Hígado Graso: Es la etapa más temprana y reversible del daño hepático. Aquí, las células del hígado se llenan de grandes vacuolas de grasa, lo que interfiere en su funcionamiento.
  2. Hepatitis Alcohólica: Caracterizada por la inflamación y destrucción de las células hepáticas. Puede ser leve, pero el abuso continuo de alcohol puede conducir a una forma grave y potencialmente mortal.
  3. Cirrosis: La etapa final y más grave, donde el tejido hepático normal es reemplazado por tejido cicatricial, impidiendo el funcionamiento adecuado del hígado. Este daño es irreversible y puede conducir a insuficiencia hepática.

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